Este escritor ggditano nacido en Arcos de la Frontera, tierra de poetas, forma parte del póker de poetas contemporáneos de España. Iré identificando a los otros, pero él, buen amigo, es el As de Corazones.

Llamaron a la puerta. Era el cartero. Entre papeles de El Corte Inglés y sobres de Bancos y Cajas de Ahorros, emergía un pequeño sobre que contenía un libro de Antonio: "Sagrada forma".

Con él entre las manos, tomé asiento en una butaca de la terraza y lo leí desde la A a la Z. Disfruté de lo lindo en el viejo tren que Antonio describía líricamente con destino, desde Madrid, a su tierra virgen. En el bello recorrido, descubrí que el aplauso se otorga cuando uno escucha en el "otro" lo que él no ha sabido expresar. Pues bien, lo que leía, la voz de Antonio Hernández, era todo aquello que me hubiese gustado escribir y, claro es, me enamoré perdidamente de él, del libro, de "Sagrada Forma", una catedral poética de la segunda mitad de siglo XX.

En esa mitad de siglo, no se han construido más de tres catedrales poéticas. En "Sagrada forma", me refugio en más de una ocasión. Me reconforto en releerlo.

 

AHORA...

 

Ahora que ya no ofrezco a su seno la rosa

que la niñez entrega, ni la gracia me fluye

como de un arriate el color y el aroma,

ahora, cuando soy como un cero a la izquierda

de la pureza, ahora

que no tengo ya lengua sino para cantar

ahogado cuanto un día me dejé entre sus cosas,

a un paso de la muerte y a un paso de la vida,

en medio de la tumba y de la luz, es gloria

pensar que me arrodillo en mí río y con agua

bendita me persigno, me confieso de toda

ausencia y, perdonado, tomo la luz, los aires,

el sol, la brisa, el mar de allí, como quien toma

en un domingo claro que es orilla de un dios

la eternidad de un día de la sagrada forma.

 

                                           (De "Sagrada forma)