Así que un día, porque sí y por lo otro, fui a entrevistarme con una bella psicoanalista. Dos años estuve, semanalmente, en el sofá de Feud, hoy en rebajas, hablando y hablando de mis sueños y ensoñaciones, de mi bendita locura y de mi maldita cordura. También, con el techo, hablaba sobre mi infancia, y de tanto hablar de "el paraíso perdido", la MADRE, parí este "Tatuaje de leche", porque al fin y al cabo, somos portadores del tatuaje mamado en el pezón de la madre. Cuando se mamaba, claro.

 

 

 

ERA TODO TAN FÁCIL

 

Era todo tan fácil.

Estaba todo tan cerca de mí:

el pezón de la madre,

el gris de aquellos ojos,

la serena mirada de vigilia.

Era todo tan fácil

que nunca quise despegar de allí.

Los años y su roce

desnudaron mi ser a la intemperie

y un recodo de frío

habitó para siempre mi existencia.

Ahora, cuando suenan

tan lejos las palabras de los hechos,

aquella vaga estancia

balancea de nuevo su profundo

siseando sus mimbres mi persona.

 

 

UN SOFÁ DE LAMENTOS

 

Un sofá de lamentos.

Certeza de presencia en la penumbra.

Un cielo de escayola me contempla.

Tras la pared, el "ello" se sonríe.

Palabras sin destino: ¿con quién hablo?

Cada palabra extiende su reposo.

El miedo selecciona sus esencias:

las emana sin odio:

como sólo él sabe hacerlo:

embovedando tiempo y aposento.