Superadas algunas asignaturas pendientes de niño de la posguerra, un día, a instancia de Julián Romaguera, Director de Diario-Málaga, me propuse escribir una columna diaria.   La bauticé con "El Copo", ese arte malagueño de pesca que consiste en arrastrar una red (copo) hacia el interior, o sea, de mar adentro a la orilla, e ir recogiendo todo lo que caiga.   De manera que las columnas El Copo hay de todo: amor, política, poesía, religión, crítica al poder que sea, etc.   Tras unas líneas del prólogo de Morales Lomas, buen amigo y mejor crítico literario, transcribo la que yo creo mi mejor columna, o sea, con la que me sentí "en la gloria" mientras la escribía.   El resto, el días día, se puede leer pinchando la pestaña El Copo.

El Copo

Teresa de Calcuta

Lady Di

"... Cuando José García Pérez piensa en el lector cree que éste es inteligente, cree que es un lector que tendrá los recursos suficientes para intuir las grandes sugerencias que son a veces sus artículos, las grandes complicidades que se convierten más en balas de un francotirador que en torpedos de grueso calibre. Los artículos de José García Pérez han de ser tomados también y básicamente como una comunión entre comunicación y literatura siguiendo de este modo la línea marcada en todos los manuales de periodismo. Los comentarios de José García Pérez en su ya clásica columna EL COPO apuestan por esa simbiosis perfecta entre literatura y periodismo, pero también entre vida y literatura. Si seguimos una a una, parsimoniosamente, la lectura de éstas estaremos ante la historia de la ciudad, aquellos anales celebrados tan extraordinariamente en Roma..."

                                                                  (Del prólogo, de Morales Lomas)

 

 

ERA DE MACEDONIA, LA DE CALCUTA

                                                                      7-9-97

 

     Una apuesta difícil debe ser hacerlo por los más pobres. Quizás sea la única forma de enriquecerse. No lo sé. De esas cosas cada vez sé menos, quizás nada. Recuerdo una de aquellas pequeñas historias de la revista "Selecciones". Unos periodistas estadounidenses, para hacer un reportaje a pie de obra, visitan una leprosería. Allí se encuentran con una religiosa que limpia las llagas de un leproso. Uno de los informadores coemnta con la religiosa que su labor, él no la realizaría ni por diez millones de dólares. Al comentarlo, la religiosa responde: "ni yo tampoco."

     Han coincidido en el mismo día el enterramiento de dos mujeres distintas, pero no distantes: una alta, otra menuda; una joven, otra anciana; una princesa, otra monja; una, dicen que buscó constantemente la felicidad, la otra, aseguran que la consiguió; una intentó ser, la otra dicen que fue totalmente. Además de coincidir en los ritos de la muerte, también lo hicieron, en ocasiones, en el rito de vivir; una, al igual que otras personas, donó limosnas y la otra, tan sólo sus manos; Diana llevaba camino de ser reina, una forma de servir. Teresa fue sierva, una forma de reinar; la de Gales hurgó en la vida para encontrarse con el amor, la de Calcuta hurgó en la muerte, y lo encontró.

     Sé otra historia de monjas. la relato. En un convento de Carmelitas Descalzas" una de las más jóvenes se afanaba constantemente en hacer todo de la mejor forma posible. Un día decidió acercarse a la santa de Ávila, otra Teresa, y le preguntó: "Madre Teresa dígame lo que me falta para ser santa"; la mística miró a la hermana, sonrió y contestó: "te sobra, hija, te sobra."

     La de Calcuta fue dejando a lo largo de su vida lo que le sobraba. Por dejar en el camino, dejó lo que más cuesta, la cultura, en este caso occidental, y se hizo otra, totalmente otra con mentalidad oriental. Pensó y vivió para aliviar el dolor físico y la inmensa tragedia de la solitaria muerte de los enfermos terminales, a ellos, especialmente a ellos, dedicó sus manos, sonrisas y humildes cobijos donde descansar de la marginación de los demás.

     Teresa fue criticada y reconocida en vida. En ocasiones, también lo fue Diana. En sus respectivas muertes las dos serán reconocidas, aunque de forma distinta. Laydi deja dos hijos, uno camino de ser rey de Inglaterra; Agnes, así se llamaba la de Calcuta, deja cuatro mil hermanas y un reino extendido por el mundo donde el sufrimiento pueda supurar una esperanza de amor.

     Ambas, en este sábado de muerte, han dejado algunos corazones con algo menos de piedra, quizás, algunos, al menos hoy, seremos mejores.