Llovizna. Blanca espuma de salobres sentidos

iluminan mi piel. Esta luz que deslumbra

la oscura incertidumbre de mi desnuda vida

es mansa tenuidad de caricias extrañas.

 

Me arrastro en su armonía de violines azules.

Susurros de la mar que me llaman de siempre

golpean suavemente, cual besos que lejanos

retoma el universo desde su infinitud.

 

Llovizna sin cesar en esta blanca tarde

de peregrino don. Cala su persistencia

el cráneo que gusta ser esponja porosa.

Agua como doncella que fecunda al amor.

 

Aguanieve de besos que despiertan flotando

como musgos vertidos en veneros orondos.

Cada gota de espuma se cobija en mi adentro.

Diluvio sostenido por ausencias de ti.

 

 

Sílaba XVIII del poemario “Sílabas de marzo”