Estás callada de alegría,

cual flor de invernadero.

Eres la mar en calma, silenciosa,

sin espumas de risas.

Apagas tu alma

en lámpara de aceite

con parpadeos que no cesan en su crujir.

Llanto de luces,

de estrellas que se van cuando te ven.

Asustadas se esconden cual perseidas fugaces.

En tu miedo de niña herida

repito: te amo.

 

 

Sílaba XXIV del poemario “Sílabas de marzo”