Gérsom

Ya no sentiré más en mi desnudo cuerpo

el beso lujurioso de este sol,

el roce del silbo del junco,

la mies de arena blanca en mis tobillos,

la frescura del mar por mi vientre agitado,

el olor de la sal, de la espuma que salta,

del grillo que busca mi mano.

No veré al coquinero de la tarde

ni encenderé el pitillo del placer

en bella soledad que embriaga.

Como azahar del cielo

la luna blanca estéril

seguirá su transcurso de presencia encendida.

Volverá la borrasca de levante,

su lluvia caerá donde dormía

en las tardes de marzo.

Ya no mirará Gérsom,

mi perro de las noches amarillas,

los claros horizontes del sudeste.

Nunca veré a la noche

en su encuentro alargado con la orilla del mar.

Quedará nuestro aroma por las sienes

de la ribera.

 

ÚLTIMA SÍLABA del poemario "Sílabas de marzo"